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Reencuentro con mi voz

La Vía de la Voz ha sido como un viaje, un reencuentro conmigo mismo y con mi voz; un viaje de reconciliación tras mucho tiempo de llevar una “relación difícil”

Mi voz era el resultado de un largo proceso de evolución tras 3 operaciones (carcinoma in situ en cuerda vocal izquierda, 2000 – 2002) y muchísimas sesiones de logopedia; mejoró a partir de 2003 y empeoró a partir del 2009 y los otorrinos me indicaban que debía operarme de nuevo por una lesión (no cancerosa) en la cuerda vocal derecha.

Mi relación era de frustración diaria, de tener que repetir las cosas dos veces como mínimo cada vez que hablaba con alguien, de sentir que “no soy oído”. No me planteaba cantar para nada; llevaba sin cantar desde el 2008.

Ahora me siento “casado con mi voz”, comprometido con ella, con una permanente atención a lo que siento y pienso que debo decir, con una actitud interna de “hacerme caso”. Me siento más libre, más seguro a la hora de hablar, se me entiende mejor, y he recuperado la ilusión por cantar.

Estoy muy sorprendido de la evolución; una evolución que en absoluto esperaba: más volumen, más nitidez, más tiempo de fonación. También estoy más cómodo en otras áreas de mi vida, siento que “soy más yo”, porque puedo expresarme con libertad. Me llevo el haber recuperado la ilusión y las ganas de cantar, el “escucharme para expresarme”, el haberme reconciliado y comprometido con mi voz. También me llevo un montón de buenas herramientas para seguir mejorando mi voz.

El taller de La Vía de la Voz tiene elementos de yoga, elementos de voz… pero sobre todo una magia especial que se percibe desde el primer momento. Es como entrar en un ritual, como un viaje a una dimensión interior que provoca un contacto con uno mismo; un contacto revelador y transformador: No soy el mismo que empezó el taller. La experiencia en grupo es tremendamente enriquecedora y poderosa. Las personas que me han acompañado me han servido de referencia y siento que yo también lo he sido para ellas/os.

El taller es una invitación para salir de nuestra “zona de control”, el “empujoncito” que todos necesitamos para atrevernos a volar, y no hay nada más satisfactorio que sentir que tienes alas, que el miedo queda atrás, que lo que parecía imposible se vuelve posible, que dentro de cada uno hay un poder inmenso que, en realidad, desconocemos y que nos permite ampliar la respuesta a la pregunta que para mí es clave: “¿Quién soy yo?”, “¿Quiénes somos?”.

Vicente Subiela
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