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La Vía de la Voz ha sido un proceso depurativo

Me ha colocado delante de un espejo. Por un lado interior, en el que a través del trabajo con los sonidos y las canciones he contactado con las emociones que en estos momentos más me acompañan, con menos filtro y racionalización, y por otro lado exterior, ya que me devuelve la imagen con la que me presento a los demás, y la carga de valoración que la acompaña. Muy útil.

A lo largo del proceso he observado una mayor sinceridad y espontaneidad en mi actitud a la hora de mostrarme. Y en relación a la voz, una mayor coherencia entre la emisión de la voz y el contenido que se emite. Mi percepción de mi voz y mi relación con ella ya eran buenas antes del proceso, pero siento que ahora ha ganado más veracidad y puedo ver más posibilidades a nivel creativo: color, calidez, cercanía. Y verla también como una herramienta valiosa de trabajo. Ya puedo notar mucha calma y enraizamiento cuando realizo los ejercicios (y juego con la voz). Por otro lado, lo aprendido tiene una aplicación directa en el trabajo como formador y como terapeuta, y abre perspectivas para su aplicación en grupos y a nivel individual.

Creo que el trabajo con la voz propia es en esencia muy terapéutico. Y conocer la forma en la que una persona emite su voz y lo que asocia a ella puede ser de mucha utilidad para el proceso terapéutico. Del proceso me llevo Agradecimiento y atención hacia mi voz. Una mayor conciencia sobre lo que refleja y lo que quiere transmitir. Herramientas para aumentar la calma interior y la coherencia personal. Conocimiento aplicable en el trabajo como terapeuta. Curiosidad por aprender más en este campo.

Hubo momentos de una conexión única con el grupo, algo muy ancestral manifestándose. Agradecimiento a Inés, por transmitir su conocimiento con confianza y cercanía. Y al grupo de personas con las que he compartido por poner tanto de sí mismos en el proceso. La necesidad de ordenar y priorizar mi actuación personal, y la seguridad de llenar de atención plena aquello que realice en cada momento.

Pedro Unamunzaga