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EL ORIGEN

Aunque nací en una familia de practicantes del Hinduísmo, y la espiritualidad y el Yoga estuvieron siempre muy presentes en mi vida, mi auténtico dios durante muchísimos años, desde la niñez, fue la música. He estudiado canto, composición, guitarra y percusión con grandes maestros y en diferentes instituciones.

Una gran crisis personal a raíz de la caída de un proyecto musical, me invitó a dejar la música por unos años, una decisión muy difícil, y a dedicarme solamente a la práctica de yoga, artes marciales y meditación para luego profundizar en diferentes tradiciones pre cristianas y nativas americanas.

EN EL PASO POR ESTAS TRADICIONES OBSERVÉ LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA Y EL CANTO EN SUS ESPACIOS CEREMONIALES Y RITUALES COMO UNA FORMA DE CONEXIÓN CON LA BELLEZA Y CON LO INTANGIBLE POR UN LADO, Y DE DESCONEXIÓN DEL PENSAMIENTO COMPULSIVO POR OTRO.

También el reconocimiento de que cada voz es única y de que a la hora de la transmisión, es mucho más importante el “desde dónde” se hace, que la perfección con la que se hace. 

Durante mis años de entrenamiento, pedía continuamente que al menos tanto esfuerzo y dedicación le sirvieran a alguien. El lugar donde me formé era absolutamente rígido y el entrenamiento muy extremo, por lo que con mis compañeros (profesores de yoga, artistas marciales, meditadores) empezamos como un juego a escribir canciones que hablaban de la práctica, de los animales de Kung Fu y de nuestras aventuras por los paisajes internos con el único propósito de descomprimir.

Cuando mi formación estaba llegando a su fin, el que era entonces mi profesor de Kung Fu me pidió que grabáramos un disco con esas canciones, dejándome a cargo del proyecto y con la responsabilidad de que mis veinte compañeros que en su vida habían cantado o tocado ningún instrumento, las grabaran. El reto era cómo prepararlos para entrar en el estudio, que el resultado final fuera decente, y que el proceso fuera un disfrute. 

Como cada uno de ellos se encontraba con un desafío diferente a la hora de cantar la canción que le tocaba, y el único lenguaje en común que compartíamos era el del cuerpo, la respiración, la interiorización, y el movimiento energético, llevé eso al territorio de la voz como quien mueve una transparencia, y funcionó. Descubrí que estas ciencias y artes tan antiguos como las artes marciales o el Yoga, tienen una enorme cualidad de abrir espacios en el cuerpo y la voz que van mucho más allá de lo intelectual y de lo técnico.  

A muy grandes rasgos, ese fue el origen de La Vía de la Voz®.

Estos casi quince años de compartir este trabajo me han dado la oportunidad de comprobar, una y otra vez, que no hay voces feas, sino en todo caso voces desconectadas del individuo, que todos somos artistas de una manera única y sólo necesitamos las condiciones de comodidad y seguridad suficientes para que nuestro arte se despliegue, y que el arte y la técnica han de ponerse al servicio de la vida y no al revés.

TAMBIÉN APRENDÍ QUE AL RECUPERAR LA SOBERANÍA SOBRE LA VIBRACIÓN HABLADA O CANTADA SE PRESENTA OTRA DIMENSIÓN DE NUESTRA VOZ QUE NO SOLO TIENE QUE VER CON EL SONIDO, SINO CON AQUELLO QUE HEMOS VENIDO A DECIR AL MUNDO.

Infinito agradecimiento a los más de mil alumnos de diferentes lugares del mundo en estos casi quince años, que han sido a cada momento mis grandes maestros. 

En lo personal, el encuentro con mi propia VOZ me ha llevado a la expansión y enseñanza de la Vía de la Voz® y a dar a luz mis propios proyectos artísticos. 

Muchas gracias

Inés Lolago

La Vía de la VOZ ®

Pon cuerpo a lo que viniste a decir.

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